La inseguridad ciudadana y la corrupción

Vivimos una inestabilidad política sin saber las consecuencias, porque aún no hemos pisado fondo. Nos encontramos en un estado de polarización social y política donde los gobernantes han perdido la brújula y, producto de este desgobierno, la sociedad se encuentra en un espiral de violencia, de ideas, física y verbal. O acaso estamos frente a una estrategia deliberada de “desorganización organizada”, acicalada por algunos sectores partidarios de la violencia como partera de la historia.
Lima está viviendo una escalada de 4 a 5 muertes absurdas a diario que, a la postre, significó la “ofrenda a Thánatos”. Daría la impresión de que todo esto es parte de un tenebroso juego electoral donde todo vale. En su momento, la famosa “generación del bicentenario” solamente fue un arma utilizada por quienes, sin importarles la vida, utilizan las muertes como un medio solo para encaramarse en el poder y así seguir gobernando.
El gobierno continúa con la estrategia de la declaratoria del estado de emergencia nacional y suspende derechos constitucionales; ahora se estarían pidiendo facultades legislativas, ¿para afectar la libertad de opinión?… La libertad de prensa debe ser preservada. Hasta ahora, la declaratoria del estado de emergencia es la Espada de Damocles contra los ciudadanos libres, porque la delincuencia sigue imperando.
Hoy nos están generando psicosociales para enfocarnos solamente en la seguridad ciudadana como el principal problema. Algunos medios de prensa actúan como comparsa y cómplices: es la cortina de humo para olvidarnos de otros problemas más importantes y en los cuales el gobierno es partícipe activo: esto es la corrupción. Mientras exista la corrupción no se podrá combatir ni erradicar la inseguridad ciudadana.
Las redes sociales son un “perfecto instrumento de propagandización”, sobre todo porque permiten ampararse en el anonimato. “Toda persona tiene derecho a la vida, a su identidad, a su integridad moral, psíquica y física y a su libre desarrollo y bienestar”: es letra muerta de la Constitución. “Toda persona tiene derecho a la libertad de conciencia y de religión, en forma individual o asociada. No hay persecución por razón de ideas o creencias. No hay delito de opinión”: otra letra muerta de la Constitución.
Solamente cuando los gobernantes estén libres del dedo acusador de la desidia para enfrentar la corrupción —no es el caso del Presidente Jerí—, solamente a partir de ese momento comenzará a andar verdaderamente la lucha contra la inseguridad ciudadana.
No hay peor ciego que aquel que no quiera ver…

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