En los 2 últimos meses en la Red Asistencial de Piura en EsSalud se ha producido el relevo de 2 gerentes. El actual, tercer gerente, tiene menos de un mes en el cargo, y para variar, no pertenece a la seguridad social. Esta situación no es única en Piura; sucede también en Ucayali, Loreto, Tarapoto, Lambayeque, Tumbes, entre otras redes asistenciales en EsSalud a nivel nacional, evidenciando la fragilidad e inestabilidad de las gestiones, y a la larga son los asegurados quienes pagan las consecuencias.
En mi reciente visita al Hospital II de Talara he podido evidenciar la trágica y penosa realidad del precario funcionamiento de un establecimiento de salud que forma parte de la Red Asistencial de Piura. Talara es una ciudad que se encuentra a 115 kilómetros de Piura, en tiempo de recorrido aproximadamente 2 horas en auto. Por la distancia, el hospital debe contar con los recursos humanos y el equipamiento suficiente para tratar la mayoría de las enfermedades de acuerdo a su nivel de atención, pero lamentablemente no es así. Se está generando una bomba de tiempo que en algún momento puede estallar si no se actúa a tiempo.
El Hospital de Talara cuenta con una población adscrita de aproximadamente 68 mil asegurados. La condición laboral del personal que trabaja es precaria: del total de médicos que atienden, más del 60 % son contratados por locación de servicios, es decir, trabajan a destajo, sin derecho a atenderse en el hospital en caso de contagiarse con alguna enfermedad al atender a los pacientes, y no les pagan desde hace 3 meses. Hacen guardias hospitalarias sin derecho a percibir la retribución correspondiente al pago de guardias porque son subempleados.
A pesar de ser un hospital de nivel II, es tan grande el déficit de recursos humanos que hay solo un médico para atender en el área de emergencia durante el día, y en apenas 6 horas puede atender hasta 90 pacientes, lo que revela de por sí el carácter antitécnico e inhumano de la atención, tanto para el médico como para el asegurado; peor aún, los equipos de guardia trabajan incompletos.
Las ambulancias son obsoletas y están constantemente malográndose. Se adquirió un tomógrafo nuevo para Talara, pero se quedó en Piura, y de Piura llevaron un tomógrafo usado a Talara, lo instalaron y nunca funcionó. De igual manera, faltan ecógrafos. La planta de oxígeno no funciona. También faltan reactivos de laboratorio y hasta medicamentos para el tratamiento de pacientes con SIDA.
Fue gracias a Petro-Perú, quien financió la construcción del pabellón del hospital modular para atención a los pacientes durante la pandemia del COVID-19, que ahora funciona como hospitalización de medicina y vigilancia intensiva.
Visitando y recibiendo informes de la situación de otros hospitales de EsSalud, la precariedad de la atención de pacientes se repite con características similares. Evidentemente, la responsabilidad es del gobierno, que es quien sostiene a los funcionarios de turno.






