Algunos sectores políticos y económicos del país, interesados en ver la salud como una mercancía, siempre han visto a la seguridad social como el enemigo poderoso, contrario a sus intereses empresariales de generar lucro, algunas veces penosamente a expensas del dolor de las familias. Lo vimos durante la pandemia del Covid-19, que les permitió una gran bonanza económica. Mientras tanto, las instituciones del sistema de salud público, dentro de ellas EsSalud, no sólo develaron sus grandes deficiencias, sino que revelaron las grandes miserias de quienes, como autoridades, lucraron con el dinero del erario nacional y de los asegurados, y que el Congreso de la República nunca realizó una investigación a fondo.
Han transcurrido más de 5 años desde el inicio de la pandemia por el Covid-19, han muerto más de 700 médicos y más de 1500 trabajadores de salud, “héroes civiles de la pandemia”, y no hemos aprendido nada. El sistema de salud está igual o peor que antes; los gobiernos que se han sucedido solo habrían servido para que sus funcionarios se enriquezcan sobre las muertes de muchos compatriotas y asegurados.
La seguridad social, ahora EsSalud, siempre ha sido vista como un botín preciado por sectores de los gobiernos de turno, políticos y empresarios, para disponer de sus recursos económicos que constitucionalmente son intangibles; para ello se valen de funcionarios designados por el mismo gobierno para que sirvan a sus propios intereses o de privados.
El actual modelo de gestión y de atención en EsSalud ha fracasado, no responde a las necesidades de los asegurados, poniendo a la institución en riesgo de colapso financiero y operativo, y eventual desmantelamiento. La ineficiencia, incapacidad y denuncias de corrupción en la actual gestión son de conocimiento público, y el presidente Jerí persiste en mantener a estos funcionarios responsables de la crisis de EsSalud y de la mala atención a los asegurados.
Persiste el desabastecimiento general de los hospitales (medicamentos, insumos, reactivos de laboratorio, etc.), todo lo cual dificulta y retarda la atención a los asegurados. Persiste la falta de equipamiento, tomógrafos y resonadores magnéticos, inoperativos o inexistentes. Persiste el negociado de la tercerización de servicios y alquileres de equipos y locales. Persiste el hacinamiento en las emergencias, los retrasos en las atenciones de consulta externa y cirugías. Públicamente se ha demostrado que “EsSalud en Línea” no sirve: teleoperadores no atienden, dan citas tardías o a asegurados fallecidos. Este es un ejemplo más del malgasto innecesario de millones de soles en estos servicios. Podemos seguir abundando en ejemplos de casos reales y patéticos de gestión ineficiente.
La solución es una sola: nuevas autoridades, probas y competentes. No hay otro camino.





